1° de agosto. Día de la Pachamama

​Cada 1° de agosto se celebra el Día de la Pachamama, una fecha que invita a agradecer a la Madre Tierra y a reflexionar sobre los vínculos que construimos con el ambiente. Esta fecha constituye un punto de encuentro entre las culturas y saberes ancestrales y los desafíos contemporáneos del cuidado del ambiente y los bienes comunes.
En las cosmovisiones andinas, la Pachamama no representa únicamente a la tierra como soporte físico, sino al conjunto de relaciones que hacen posible la vida. No es solo "naturaleza": es una red viva donde todo está relacionado. El territorio es entendido como un espacio de vida, memoria, espiritualidad y comunidad, donde las personas forman parte de la naturaleza y no se encuentran separadas de ella. Desde esta perspectiva, el bienestar se construye a partir del equilibrio, la reciprocidad y el cuidado colectivo de aquello que sostiene la vida. Por eso, el debate ambiental es también un debate cultural, político y espiritual que invita a reflexionar sobre las formas en que habitamos, valoramos y protegemos los territorios que nos alojan.

Argentina es un país rico en bienes comunes. El agua, los bosques nativos, los glaciares, los humedales, los suelos fértiles y la biodiversidad sostienen la vida y el bienestar de nuestras comunidades. A ellos se suman los saberes ancestrales, las prácticas comunitarias y la diversidad cultural.

Valorar esta riqueza implica comprender que los bienes comunes no son únicamente recursos naturales: constituyen un patrimonio ambiental y cultural compartido. En un contexto en el que se debaten modificaciones a distintos marcos normativos vinculados con la protección ambiental, el Día de la Pachamama invita a preguntarse qué lugar se otorga al cuidado de estos bienes comunes y cuál es la responsabilidad colectiva de preservarlos para las generaciones presentes y futuras.

Cuando se degrada un territorio, no solo se pierde naturaleza, también se ponen en riesgo las culturas, las memorias y las formas de vida que lo habitan. Cuidar los bienes comunes es, al mismo tiempo, cuidar las comunidades, los saberes y los vínculos que hacen posible una convivencia respetuosa con el ambiente.

Desde el Programa Buen Vivir de Cultura Ambiental de la UNA promovemos el diálogo entre saberes científicos, artísticos y ancestrales como una manera de fortalecer el cuidado de los territorios y de los bienes comunes que hacen posible la vida.
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